El viaje que transita cada uno es muy distinto. Varía el alcance que podemos tener, la confianza que hemos construido dentro de la compañía, el acceso a información y sistemas, la llegada a líderes y tomadores de decisiones, la disponibilidad de presupuesto y, quizá la más importante de todas, saber dónde podemos generar impacto.
Hago este recuento porque desde que empecé a construir proyectos y soluciones para transformar mi empresa me he encontrado con distintas oportunidades y bloqueantes.
A veces mi jefe directo era un alma innovadora, fuente de ideas disruptivas y de gran impacto, pero teníamos un gerente con una mirada mucho más tradicional. Éramos vistos casi como transgresores del status quo. Parafraseándolo, era algo así como: “¡Avancemos!, pero cuidado con cambiar algo importante”.
En otras oportunidades teníamos los recursos y el visto bueno de la gerencia, pero la cultura de cambio era prácticamente inexistente. La fricción de los equipos en el campo generaba rechazo. Algunas veces era actitud; otras, simplemente formas distintas de entender y enfrentar el cambio.
Y otras veces el reto estaba en la disponibilidad. Existían las ganas, las ideas y las personas dispuestas, pero la operación no se detenía. Nunca llegaba ese momento perfecto en el que todos los involucrados podían sentarse alrededor de una misma mesa.
He vivido todos estos escenarios y tienen algo en común:
Son condiciones.
Son parte de la situación actual. Del As-Is. De los riesgos que declararíamos. De los bloqueantes que mencionaríamos en un daily. Del informe que presentaríamos al gerente general.
Existen hoy y existirán mañana en alguna de sus versiones.
Y está bien.
Eso también es parte de transformar.
Porque transformar no es solamente diseñar un proceso, desarrollar un producto o implementar una solución y dejarla operativa esperando que genere el valor prometido.
Transformar es crear las condiciones para que una posibilidad pueda convertirse en realidad.
Es ejecutar, pero también adaptarse. Es aprender a liderar cuando tienes autoridad y a influir cuando no la tienes. Es avanzar cuando tienes recursos, pero también descubrir qué puedes hacer cuando son limitados.
Es tomar una idea de cómo algo podría ser mejor y empezar a mover la realidad en esa dirección, aun sin tener todas las respuestas, el presupuesto o el cargo correcto.
Y quizás ahí está la parte más importante: no necesitas permiso para empezar.
No hablo de saltarse procesos, decisiones o responsabilidades. Hablo de observar, cuestionar, conversar, proponer, construir algo pequeño y generar evidencia. Para escalar probablemente necesitarás recursos, alineamiento y aprobación. Pero para dar el primer paso, muchas veces solo necesitas decidir hacerlo.
Por eso, si ves algo que puede funcionar mejor, empieza por el problema o la posibilidad que tienes delante.
Entiéndela. Habla con quienes la viven. Cuestiónala. Construye algo. Pruébalo. Aprende. Muestra el resultado. Suma personas. Y vuelve a intentarlo.
No importa si tu cargo dice Transformación, Operaciones, Finanzas, Recursos Humanos, Tecnología, Comercial o cualquier otra cosa.
Lo importante es haber visto una posibilidad y decidir hacer algo con ella.
No esperes las condiciones para transformar. Aprende a construirlas.
Porque no necesitas trabajar en Transformación para transformar.